
Sistemas de living soil / suelo vivo y bioinsumos
CBKR: sistemas de living soil hechos para durar
CBKR (Cannabunker) es una empresa argentina que desarrolla sistemas completos de living soil: suelos vivos que, una vez armados, se manejan únicamente con agua, fermentos y microorganismos. Produce desde su planta propia en Gral. Pacheco, Tigre, y es sponsor de El Rico 2026.
Nació porque no existía lo que buscaban.
CBKR arrancó en la Ciudad de Buenos Aires a partir de una necesidad muy concreta del mercado local: no había insumos sólidos, sin derivados animales y pensados para sistemas de suelo vivo. Todo lo disponible era fertilización de síntesis o productos importados que no respondían a la lógica de un suelo biológicamente activo.
Empezaron con un solo producto y producción artesanal, y crecieron por demanda: había una comunidad buscando otra forma de cultivar antes de que existiera quien la abasteciera. Hoy operan desde una planta propia en Gral. Pacheco, Tigre, con equipo de producción, fermentadores profesionales y procesos estandarizados. El equipo es chico y multidisciplinario: producción, logística, atención y desarrollo de producto.
Su especialidad no es vender fertilizante: es entregar un suelo vivo terminado, con toda su biología y su reserva mineral ya integradas. A partir de ahí, el cultivador riega con agua, sostiene la biología con fermentos y microbios, y el sistema hace el resto. La diferencia con el modelo convencional es estructural: ahí el sustrato es descartable y el fertilizante es una compra recurrente que nunca termina; acá el suelo se arma una vez, mejora ciclo a ciclo y se renueva con biomasa del propio cultivo.

Las piezas del sistema CBKR:
Estructura y volumen: camas de cultivo textiles (Bunkers) de fabricación propia, en distintos formatos, dimensionadas para que la raíz y la biología tengan dónde trabajar.
Sustrato y reserva mineral: compost, humus, biochar y rocas molidas que funcionan como despensa de largo plazo.
Biología: inoculantes de microorganismos nativos, responsables de transformar esa reserva en nutrientes disponibles.
Cobertura viva: mezclas de tréboles y otras especies que fijan nitrógeno, regulan humedad y alimentan al suelo desde arriba.
Fermentos y biorrepelentes: el único insumo líquido del sistema, de base biológica, para nutrición puntual y manejo sanitario. Todo sin derivados animales ni lavados enzimáticos.
Iluminación LED: para completar el ambiente en cultivo indoor. Hoy abastecen a más de noventa clubes sociales de cannabis de todo el país, además de cultivadores particulares.
El cannabis como banco de pruebas de algo más grande.
El propósito de CBKR es demostrar que la agricultura regenerativa es viable, accesible y económicamente competitiva. Argentina es uno de los países con mayor uso de agroquímicos per cápita del mundo, con consecuencias documentadas sobre la salud, la biodiversidad y la calidad de los suelos. Trabajan sobre cannabis porque es un cultivo exigente, de ciclo corto y con una comunidad dispuesta a experimentar — pero el objetivo de fondo apunta a la producción de alimento.
Detrás de sus productos hay un consorcio microbiano propio. Desde 2019 realizan capturas de microorganismos nativos en distintos ecosistemas argentinos: los bosques patagónicos, Tierra del Fuego, Tucumán, Entre Ríos y la ribera del Río de la Plata. La lógica es simple: cada ambiente selecciona su propia biología, y un microorganismo que resuelve materia orgánica en un bosque fueguino no es el mismo que lo hace en el monte tucumano. Lo que buscan es diversidad funcional, un consorcio capaz de sostener el suelo bajo condiciones muy distintas.
La otra pata es la formación. En 2022, al constatar que no existía información sistematizada sobre suelo vivo en el país, hicieron un tour por más de 15 ciudades —de Tierra del Fuego a Tucumán— con talleres gratuitos de suelo vivo y producción de bioinsumos: Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Ciencias Agrarias de Mendoza, Polo Cultural de Ushuaia, Universidad Nacional de Quilmes y dos veces la Facultad de Agronomía de la UBA, ambas a sala llena. A eso se suma una formación integral de ocho clases que capacitó a más de 200 personas como natural growers. Los procesos que enseñan son replicables sin comprarles nada.
Y hay más en camino: la planta de Pacheco está en plena expansión, con el taller textil propio donde se producen los Bunkers ya en funcionamiento y ampliándose, más un espacio de diseño y desarrollo de producto, una huerta y una sala de cultivo experimental para validar formulaciones en condiciones reales. Esa manera de trabajar —probar, medir, compartir— es la que los cruza con El Rico: una copa que rankea por sabor premia, en el fondo, a los cultivadores que entendieron que la calidad se construye desde el suelo y con conocimiento abierto.

